

En este taller diseñado para todas las edades, descubriremos el fascinante mundo de los invertebrados que habitan a nuestro alrededor. Comenzaremos con una salida de campo guiada para aprender a observar y reconocer a estos pequeños guardianes del ecosistema. Después, pasaremos a la acción construyendo "hoteles de insectos" personalizados, utilizando materiales naturales para ofrecer un hogar a abejas solitarias, mariquitas y otros polinizadores en vuestros propios jardines o balcones. El objetivo de esta actividad es pasar una divertida mañana con la familia y, junto a otras familias, realizar actividades lúdicas relacionadas con el medio ambiente en el Centro Educativo del Medio Ambiente Los Molinos. La actividad estará dirigida a grupos de familias con niños/as y adultos.
El coste será de 5 euros para adultos y gratis para menores de 12 años. Edad mínima: 5 años. Para acudir a la actividad es necesario apuntar a todos los asistentes. La duración de la actividad será de 2’5 horas. Las familias, una vez terminada la actividad, podrán quedarse, si así lo desean, a comer en el CEMA Los Molinos en el espacio de la pérgola, pudiendo utilizar las instalaciones de la pista polideportiva, así como rocódromo y demás espacios comunes. Cada familia deberá traer su comida (tupperware, bocadillos, etc. El número máximo de asistentes será de 30 personas.
Planning de actividad:
Aprenderás a observar e identificar los invertebrados más comunes del entorno mediterráneo: insectos, arañas, escarabajos y polinizadores que habitan a nuestro alrededor.
Descubrirás qué función ecológica cumple cada grupo de invertebrados y por qué su presencia indica un ecosistema sano.
Conocerás el fascinante mundo de las abejas solitarias: qué las diferencia de las abejas sociales y por qué son polinizadoras esenciales que podemos acoger en casa.
Aprenderás a construir un hotel de insectos funcional con materiales naturales, adaptado a cualquier espacio: jardín, terraza o balcón.
Explorarás técnicas básicas de observación y muestreo de fauna invertebrada usadas por entomólogos y naturalistas de campo.
Comprenderás por qué proteger a los polinizadores es una de las acciones más importantes que una familia puede tomar para cuidar el medio ambiente desde casa.
Es muy habitual, y la actividad está diseñada para trabajarlo de forma gradual y sin forzar. Los monitores presentan los invertebrados de manera cercana y desmitificada, empezando por los más familiares —mariquitas, mariposas— antes de avanzar hacia otros menos conocidos. Muchos niños que llegan con rechazo se van queriendo repetir.
Un hotel de insectos es una estructura de materiales naturales —cañas huecas, madera perforada, piñas, lana— que imita los refugios que los invertebrados buscan en la naturaleza para anidar y protegerse. Las abejas solitarias, por ejemplo, depositan sus huevos en cavidades pequeñas. Colocado en un lugar soleado y resguardado, puede albergar colonias activas en pocas semanas.
El entorno mediterráneo de la Sierra de Crevillent alberga una entomofauna muy rica. En una salida de campo de dos horas es habitual identificar entre 15 y 25 especies distintas, dependiendo de la época del año y las condiciones meteorológicas. En octubre, con temperaturas suaves, la actividad de insectos sigue siendo notable.
Los materiales los facilita la organización: cañas, trozos de madera, piñas, musgo, lana y otros elementos naturales. No es necesario traer nada. Durante el taller cada familia monta y personaliza su hotel, que se lleva a casa al terminar la actividad.
Según los estudios más recientes, las poblaciones de insectos han caído entre un 40% y un 60% en las últimas décadas en Europa, principalmente por el uso de pesticidas, la pérdida de hábitat y el cambio climático. Su desaparición afecta directamente a la polinización de cultivos, la cadena alimentaria y el equilibrio de los ecosistemas. Fomentar refugios urbanos y rurales para polinizadores es una respuesta concreta y accesible a este problema.
Es completamente funcional si se coloca correctamente: orientado al sur o sureste, a una altura de entre 1 y 2 metros, protegido de la lluvia directa y cerca de plantas con flor. Los monitores explican durante el taller cómo instalarlo en casa para maximizar su efectividad. No es un adorno: es infraestructura para la biodiversidad.
