

Hay intérpretes que, con poco más de veinte años, ya han tocado en el Carnegie Hall de Nueva York, compartido escenario con los mejores músicos europeos y convencido por unanimidad a un jurado de expertos. Luis Aracama Alonso es uno de ellos.
El violonchelista de Ponferrada, formado en la Escuela Superior de Música Reina Sofía con Iván Monighetti —uno de los grandes maestros del instrumento—, llega a la Fundación Mediterráneo como ganador del XLI Premio Sociedad de Conciertos de Alicante-Oftalvist, para ofrecer el recital que el galardón lleva aparejado. El programa que ha preparado para este concierto revela tanto criterio como ambición. Arranca con la Segunda Sonata de Brahms, Op. 99, una obra de madurez plena, densa y apasionada, que exige al violonchelista una presencia sonora de primer nivel. Le sigue la Sonata de Debussy, tres movimientos breves que condensan todo el universo del impresionismo francés con una economía de medios asombrosa. Tras el descanso, la Sonata de Shostakovich (Op. 40), una pieza que transita entre la ironía y la desolación con esa ambigüedad tan característica del compositor soviético. Como cierre, las Variaciones sobre un tema de Rossini de Martinů: puro virtuosismo con humor y ligereza. Un recital con mayúsculas, que traza un arco por cuatro momentos cruciales de la música para violonchelo del siglo XIX al XX, interpretado por uno de los nombres más prometedores del panorama clásico europeo.


PROGRAMA
-I-
J. BRAHMS
Sonata para cello y piano No. 2 en Fa mayor Op. 99 (27’)
Allegro vivace
Adagio affettuoso
Allegro passionato
Allegro molto
C. DEBUSSY
Sonata para cello y piano en Re menor L. 135 (11’)
Prologue: Lent, sostenuto e molto risoluto
Sérénade: Modérément animé
Finale: Animé, léger et nerveux
-II-
D. SHOSTAKOVICH
Sonata para cello y piano en Re menor Op. 40 (26’)
Allegro non troppo, en re menor
Allegro
Largo
Allegro
B. MARTINU
Variaciones sobre un tema de Rossini H. 290 (8’)
1. Conocerás a Luis Aracama Alonso, uno de los violonchelistas más prometedores de su generación, ganador por unanimidad del XLI Premio Sociedad de Conciertos de Alicante-Oftalvist.
2. Escucharás la Segunda Sonata de Brahms, una de sus obras de cámara más poderosas, escrita en la plenitud creativa del compositor y especialmente exigente para el solista.
3. Descubrirás la Sonata de Debussy para cello y piano, una joya breve del impresionismo que condensa en tres movimientos toda la originalidad del lenguaje musical francés de principios del siglo XX.
4. Explorarás la Sonata Op. 40 de Shostakovich, obra que refleja la tensión entre expresión personal y presión política, con momentos de lirismo intenso y sombría ironía.
5. Aprenderás a reconocer los rasgos que definen el sonido del violonchelo: su proximidad a la voz humana, su rango expresivo excepcional y su capacidad para sostener tanto el lirismo como el drama.
6. Comprenderás por qué la Escuela Superior de Música Reina Sofía es una de las instituciones de formación musical más relevantes del mundo y qué significa salir de allí con dos premios al alumno más sobresaliente.
Es uno de los certámenes de interpretación musical con más tradición de la Comunitat Valenciana, en su XLI edición. El primer premio incluye 3.000 euros, un diploma acreditativo y, lo más valioso, la posibilidad de ofrecer un recital dentro de la programación oficial de la Sociedad de Conciertos de Alicante, junto a algunos de los mejores músicos del mundo. Para un joven intérprete, es una puerta directa al circuito profesional de alto nivel.
Brahms compuso su Sonata Op. 99 en 1886, durante una de sus estancias en los Alpes suizos, y la consideraba una de sus piezas más logradas. A diferencia de su primera sonata para cello, de carácter más íntimo, la Op. 99 es apasionada, densa y casi orquestal en su tratamiento del piano. Es una obra que pone al límite la relación entre los dos instrumentos: no hay solista y acompañante, sino un diálogo de igual a igual.
Debussy escribió esta sonata en 1915, en plena Primera Guerra Mundial y ya aquejado de la enfermedad que acabaría con su vida tres años después. Es una obra de una tersura engañosa: en apenas diez minutos y tres movimientos condensa todo su lenguaje armónico más personal. Su título en francés —«Sonate pour violoncelle et piano»— ya suena a obra de gabinete, pero esconde una intensidad expresiva poco usual en el catálogo del compositor.
La Sonata Op. 40 data de 1934, un momento de relativa calma antes de las grandes purgas estalinistas. Shostakovich la compuso siendo todavía un compositor reconocido y relativamente libre, aunque ya con la presión del régimen sobrevolando su carrera. Tiene cuatro movimientos y alterna secciones de una belleza melódica conmovedora con pasajes de ironía lacerante, ese doble lenguaje que define toda la obra del compositor soviético.
Martinů fue uno de los compositores checos más prolíficos del siglo XX, con una obra que transita entre el neoclasicismo, el jazz y las raíces populares de su país. Sus Variaciones sobre un tema de Rossini H. 290 son una pieza deliberadamente ligera y brillante: toman un tema operístico y lo transforman con humor, destreza técnica y una ironía muy centroeuropea. Son el contrapunto perfecto para cerrar un programa de alta exigencia emocional.
Aracama toca un violonchelo Wojciech Topa de 2005, ex-Monighetti —es decir, el instrumento perteneció antes a su propio maestro, Iván Monighetti. Los luthiers contemporáneos de alto nivel construyen instrumentos que combinan tradición artesanal con materiales cuidadosamente seleccionados, y que en muchos casos acaban vinculados a intérpretes de referencia. Que un maestro ceda su instrumento a un alumno tiene, en el mundo de la música clásica, un valor simbólico considerable.